Historia Un pueblo que no olvida su historia…

La Villa de Castrocontrigo tiene sus orígenes en la primitiva ciudad de Aria, que estuvo situada en la cima del actual cerro del Castro. Aria dio origen a la denominación del río que recorre el valle, llamado entonces por tal razón, “Valle de Aria”, que dio lugar a la forma apocopada “Valdaría”, adulterada más tarde y convertida en la actual “Valdería”.

La ciudad de Aria, probablemente una supervivencia atlante, es anterior a los romanos. Sus habitantes, llamados “Arios” eran vecinos de los “Cabruagánicos” de Cabrera, los “Orniacos del valle del Ornia —actual Valduerna- y de los Zoelas, del valle del Eria, al otro lado de la Sierra de Randón, que tenían su capital en el lugar que ocupa la actual Molezuelas, nombre que significa “Fortaleza de los Zoelas”. Los Arios y los Zoelas cultivaban principalmente el lino, en fincas que recibieron el nombre de linares, denominación que todavía conservan en Castrocontrigo.

Cuando los romanos conquistaron el valle de Aria respetaron la ciudad y se establecieron en ella, mezclados con los supervivientes, y establecieron su campamento en la llanura que se extiende entre el cerro del Castro y el río. Este campamento tomó por modelo el existente entonces en el carro de Castrillejo en la ciudad de Numancia.

El campamento sirvió de base a las tropas que conquistaron La Cabrera y después de la conquista ejerció una labor de protección sobre la ruta del oro. A partir de entonces comenzó la explotación de oro y plata en grandes cantidades, sobre todo del primero, que era transportado a Roma por una calzada que bajando de La Cabrera pasaba por Aria, cruzaba el campamento romano y atravesaba el río, dirigiéndose a Astorga. Por esta calzada, de la que todavía queda algún puente, se transportaba a Roma los minerales obtenidos en el laboreo de las minas y el excedente de lino, que era muy apreciado por los romanos dada su excelente calidad. De la época romana ha aparecido en el Castro donde estuvo la ciudad de Aria, numerosas monedas (dolos de divinidades) y un busto de Trajano.

Con la entrada de los bárbaros en España acabó la dominación romana. Gunterico, Jefe de los Vándalos Asdingos llegó a la Valdería y conquistó la ciudad de Aria, que fue destruida y quemado su campamento, edificando sobre el solar que ocupaba dicho campamento una ciudad nueva que llevó por nombre, en recuerdo de su fundador la denominación de Castrum Gunterici, que quiere decir “Castro de Gunterico”. Con el tiempo el nombre se fue adulterando y al llegar el idioma castellano, se transformó en Castrocontrigo, su actual denominación.

Gunterico se estableció en la nueva ciudad por él fundada, teniendo por vecinos a los Suevos. Al principio fueron amigos, pero pasado algún tiempo entraron en guerra y Gunterico fue derrotado en la batalla que se dio en el llamado actualmente “Campo de la Matanza ” situado en el paraje denominado “Vandasnilla”, del término de Justel, no lejos de Castrocontrigo. La palabra Vandasnilla precisamente significa “Allí donde estuvieron los Vándalos”.

Con la caída de Gunterico, Castrocontrigo pasó a poder de los Suevos, que la conservaron durante casi siglo y medio, siendo posteriormente conquistada por los Visigodos, que la conservaron como ciudad propia hasta la llegada de los moros. En el año 714 estos conquistaron Astorga. Su jefe Muza fue llamado a Damasco por orden del Califa, y Abdelazis, hijo de Muza, continuó la conquista del territorio visigodo entrando en la Valdería y apoderándose de Castrocontrigo, para continuar sucesivamente la conquista de todo el territorio visigodo.

Así Castrocontrigo quedó en poder de los musulmanes, si bien durante poco tiempo, ya que las guerras de frontera y las malas cosechas de los años 751, 752 y 753 hicieron que la población de la zona se marchara a lugares más seguros.

Esta circunstancia facilitó a Alfonso I la reconquista de este territorio y toda la región de Astorga. Los primeros repobladores vinieron de Galicia. Fueron estos los caballeros Núñez, procedentes de Quiroga, en Galicia Eran tres hermanos, uno repobló Puebla de Sanabria y Muelas, de los Caballeros, otro repobló Castrocontrigo y Cubo de Benavente. El tercero intentó repoblar en la región de Astorga pero no le gustó el territorio y marchó a repoblar en Burgos, donde se casó con Doña Jimena de Lara, de la que tuvo siete hijos que fueron los llamados siete infantes de Lara, que aparecen en los romances.

Hay una tradición que asegura que los moros que quedaron en Castrocontrigo conviviendo con los cristianos habitaban en una cueva que había en el Castro y que ahora tiene la entrada tapada por desprendimiento de la tierra de la cima. Con relación a esto fue muy popular la historia o leyenda de D. Gaspar Núñez, llamado “El del peine de oro”, según la cual el caballero Gaspar Núñez, se paseaba a caballo por detrás del Castro en la mañana de San Juan, cuando vió a una mora que estaba a la entrada de la cueva con las alhajas al sol. Metió espuela al caballo con intención de llegar a ella, pero la mora anduvo más diligente y cuando llegó el caballero ya la mora había recogido las alhajas y metiédose en la cueva. Pero dejó olvidado un peine de oro que Gaspar Núñez recogió y conservó en su poder hasta que, pasado el tiempo, tuvo que venderlo para pagar los gastos de un pleito que sostuvo con el Conde de Gramedo, discutiendo la posesión de los territorios de Velilla y Perilla, que fueron perdidos por el Caballero Gaspar.

Los Núñez emparentaron con otros repobladores de Castrocontrigo que fueron los Losada. Más tarde vinieron los Riesco y los Cadierno. Estos últimos incorporaron a su familia la presidencia de la Hermandad de Hijosdalgos, que se estableció en la Valdería. A ellos iba vinculado el derecho a ocupar puesto en la iglesia al lado de la epístola, repartir el pan bendito y presidir las procesiones. Los Núñez intervinieron en la Reconquista fuera de la región. Uno de esta familia llamado Núñez el Viejo, por haber vivido más de 100 años, intervino con tropas de la Valdería y Muelas de los Caballeros, y su acción fue decisiva en la conquista de Almería.

En la época de Alfonso VI se establecieron relaciones con el extranjero, casando a su hija Urraca con Ramón de Borgoña, de cuyo matrimonio nació un hijo llamado Alfonso Raimúndez. Viuda de este matrimonio Dña. Urraca, fue casado por decisión expresa de su padre Alfonso VI con Alfonso el Batallador rey de Aragón. Alfonso VI al morir dejó de heredera a Dña. Urraca, bajo cuyo dominio quedó Castrocontrigo, que se vio envuelto en la guerra que sostuvieron los nuevos esposos, Urraca y Alfonso de Aragón por defender ella los derechos de su hijo Alfonso Raimúndez, que el Batallador de Aragón le quería usurpar. Dña. Urraca, se alió con el rey de Aragón y pretendió conquistar Castrocontrigo, pero Dña. Urraca con las tropas leales a ella y a su hijo detuvieron a los portugueses y Castrocontrigo se salvó, permaneciendo en poder de Dña. Urraca y de su hijo Alfonso Raimúndez, que cuando alcanzó la mayoría de edad fue proclamado Emperador. Cuando éste fue a Cataluña para casarse con Dña. Berenguela, al regresar a León los nuevos esposos vinieron acompañados por Giraldo Ponce. Éste entabló fuerte amistad con el Rey y se quedó en la Corte de León. En pago a esta amistad Alfonso VII (que así se llamaba el Emperador) creó el Condado de Cabrera y la Valdería y lo dio a Giraldo Ponce para su gobierno. Giraldo Ponce como era Catalán conocía la llamada cruz Sitches, consistente en una cruz grande que lleva otra pequeña en uno de sus brazos. AI ser nombrado Conde de la Valdería colocó una cruz similar en la cima del cerro del Castro, en recuerdo de la victoria de a Urraca y su hijo Alfonso Raimúndez contra los portugueses. La Cruz grande simboliza a Dña. Urraca, y la pequeña simboliza el hijo. Esta cruz todavía se conserva, y lleva un paño blanco, a modo de bandera, en la cruz pequeña, que se ha venido renovando todos los años en el día de San Marcos.

A Giraldo Ponce le sucedió Pedro Ponce de León y Cabrera, en cuyo tiempo y el de sus sucesores Castrocontrigo continuó formando parte del Condado de la Valdería. Por esta época se fundó el monasterio de San Esteban de Nogales y el priorato de San Vicente de Condes en el valle del Río Condes, perteneciente a Castrocontrigo.

En tiempos sucesivos Castrocontrigo pasó a depender del Condado de Benavente y posteriormente al Conde de Alba de Aliste, que edificó un Castillo en la sierra del pinar, conocido con el nombre de “Casa de la Peña “, del que todavía quedan restos visibles a gran distancia: una gran torre y parte de una muralla. . Los actuales pinares pertenecieron en su día a dicho Condado de Aliste.

Los Condes de Alba y Aliste emparentaron con los Duques de Uceda, y dichos territorios pasaron a ser heredados por la casa de Uceda, siendo estos los últimos que mantuvieron posesiones nobiliarias de las que se tienen referencia y que se refleja en la tenencia a finales del siglo XIX de parte de los pinares de la comarca.

Una parte de los pinares pertenecían al Duque y la otra parte a Castrocontrigo y pueblos colindantes, que no eran dueños exclusivos sino más bien usufructuarios. Se decía que tenían derecho al vuelo (maderas, resinas, púas y pipas) pero no al suelo, que era propiedad asimismo del Duque. En la época moderna, un descendiente del Duque de Uceda vendió los pinares a la Unión Resinera Española, pero los pueblos salieron al retracto de la venta y plantearon un pleito que finalmente ganaron los pueblos quedando con la parte que le correspondía como usufructuarios, pasando así a ser dueños exclusivos. El bosque del pinar quedó, de este modo, dividido en dos parte: el perteneciente a los pueblos y la propia del Duque que pasó a la Unión Resinera Española, la cual la vendió a su vez a D. Carlos Zapatero que terminó vendiendo su parte que fue comprada por los pueblos de Nogareja, Castrocontrigo, Tabuyo del Monte y Torneros de Jamuz. En la parte que a partir del litigio correspondía mancomunadamente una primera fábrica de resinas obteniendo aguarrás y colofonia de extraordinaria calidad que se vendía en grandes cantidades y permitía colocar a gran número de resineros que cobraban por trabajar un lote de pinos según los Kilos de resina que obtenían de ese Zote y eran entregados a la fábrica.