Patrimonio cultural > Molinos de Agua

En el curso del río Eria, a su paso por Castrocontrigo, hubo al menos, quince molinos de agua, cifra importante en relación con el número de sus habitantes. Esta cifra denota el notable potencial hidráulico del río, y el buen aprovechamiento de éste por los moradores del pueblo que se apoyaban para su actividad en la fuerza del agua. Sus aplicaciones fueron varias, pero fundamentalmente se destinaron a la molienda de cereal en sus dos variantes. Una, el molino donde se molía el cereal (centeno, avena, cebada..) para el pienso de los animales, estos molinos Remate superior de la fachada de una iglesia, con uno o más vanos donde se instalan las eran participativos o comunitarios. Otra, los denominados molinos maquileros o tahonas que principalmente se destinaban a moler el trigo para el consumo humano y en menor medida a la molienda de cereales para pienso.

molinos de agua

Esporádicamente se llegó a moler también linaza cuyo aceite se utilizó como combustible de faroles, candiles, base para pinturas y productos de farmacopea. Además de esta aplicación fundamental hubo otras aplicaciones a las que se destinaron otros molinos, como fábricas de chocolate y de luz, serrerías y talleres de carpintería.

La explotación de los molinos se realizaba bien, en régimen comunitario, o bien en régimen privado. La explotación comunitaria se centraba exclusivamente en los molinos destinadas a la obtención de piensos, el resto eran particulares.
El molino ha sido lugar de duro trabajo para el agricultor y el molinero, pero también lugar de reunión y encuentro jovial entre gentes de lugares diferentes donde se intercambiaban noticias, se daban recados, se contaban historias, sin duda fue un lugar social. Además lugar de refranes, coplas y canciones, que llevaban escrito algún idilio de juventud o alguna pícara historia de aquellos tiempos por todos bien conocidas. Muestra de ello son los retazos del cancionero popular que se oyen en Castrocontrigo: “vente conmigo al molino, y serás mi molinera…” u otra que dice “a la luz del cigarro voy al molino, si el cigarro se apaga me voy al río”.

En este sentido y con el fin de dar una entidad propia a estas construcciones, se organiza la Ruta de los Molinos por parte del Ayuntamiento. Ruta que ha quedado definitivamente constituida con la inauguración en Junio del 2004 de la preceptiva señalización de los molinos locales dentro del marco de las actividades desarrolladas por la Asociación Local El Castro del Campillo.

molinos de agua

Lo primero que ha de considerarse en el desarrollo de esta ruta es que el agua del río Eria se separa por dos presas diferentes formando dos canales que localmente se denominan “caños”, a lo largo de los cuales se sitúan los molinos. Para verlos ha de pasarse de un caño a otro en algún punto de la Ruta. Estos caños se conocen uno con el nombre de “Caño de Concejo”, llamado así porque era el concejo del pueblo el que construía la presa para retener el agua y limpiaba el caño y otro por el nombre “Caño de Gregorio”, el nombre de un vecino del pueblo propietario de una tahona que se encargaba de hacer la presa para desviar el agua que daba fuerza a su molino. Los caños corren casi paralelamente el uno del otro y en algún momento tan cercanos que parece que llegan a juntarse. Todo el pueblo se estructura sobre los dos canales que, desde el río Eria, llevan el agua a los molinos.

La ruta comienza aguas arriba en la parte alta del caño de Concejo, a unos tres kilómetros de la plaza del pueblo en dirección oeste, y transcurre bajando por uno u otro caño hasta pasado el pueblo unos 300 metros en dirección este. Ruta que es un placer realizar en cualquier momento pero sobre todo en una mañana fresca de verano, o una tarde soleada de primavera, y cuyo recorrido dura unas dos horas a paso normal incluyendo la ida hasta el molino más lejano para descender desde allí aguas abajo.

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